Un exquisita recopilación de fotos de graffitis
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Jaz

Extracto del artículo de Página/12

Viernes cinco de la tarde, barrio de Chacarita. Un grupo de graffiteros -una crew, como se definen– tiene marcada hace tiempo una pared de un terreno baldío. Y allí van. Son cinco. Uno lleva un bolso inmenso que contiene unas cuarenta latas de pintura en aerosol de distintos colores. El del bolso tiene 23 años y se hace llamar Jazz. “Me vinculé con el graffiti porque escuchaba rap, pero después me di cuenta que son dos universos distintos. Ahora escucho otra música, pero sigo pintando paredes”, dice Jazz, mientras pinta codo a codo con Samy, un francés de 26 años que vino al país casi exclusivamente a pintar paredes.

De madre normanda y padre tunecino, Samy vive en Evreux, un suburbio a unos 100 kilómetros de París. Dice –en un castellano precario– que en Francia se gana la vida como graffitero, a punto tal que el oficio le permitió hacer este viaje justo cuando en su barrio la revuelta incendiaria de los jóvenes hijos de inmigrantes estaba en su punto máximo. “No es como dice la televisión europea, que el problema son los africanos y los islámicos –se enoja Samy–. El problema es la exclusión.” El francés tiene una agenda apretada: pintar en la Avenida Goyeneche –la meca de los graffiteros porteños–, pintar en la ciudad de La Plata y pintar en la provincia de Entre Ríos, invitado por Take “uno de los graffiteros más antiguos y experimentados del país”, comenta Jazz.

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